119900_internacionales.jpg

Dilma no encuentra quien la quiera

Las expresiones de apoyo logradas por Dilma Rousseff en su gira por Estados Unidos no son compartidas por los brasileños y el respaldo a su gobierno se precipitó al peligroso terreno de apenas un dígito. 

Según una encuesta divulgada ayer por Ibope, la presidenta rompió nuevamente su récord de impopularidad y hoy apenas un 9% considera “buena o muy buena” su gestión.

Dilma, que ayer cumplió los primeros seis meses de su segundo mandato, enfrenta un rechazo del 68% en el sondeo encomendado por la Confederación Nacional de la Industria, que apuntó que para el 21% de los encuestados su gobierno es “regular”. Estas cifras la ubican en el mismo nivel de repudio que tenía Fernando Collor de Mello en septiembre de 1992, poco antes de que el Congreso votara a favor de su impeachment y de que él renunciara para evitar ser condenado por corrupción. Sólo el ex presidente José Sarney registró una marca de popularidad peor (7% en julio de 1989), en medio de un período de hiperinflación y descalabro económico.

Los datos confirman la tendencia negativa de otro sondeo divulgado dos semanas atrás por Datafolha, en el que el 65% de los encuestados consideraba su gobierno “malo o muy malo”, el 24% “regular” y el 10% “bueno o muy bueno”.

En todas estas mediciones, el principal factor que influyó en la opinión de los brasileños es el notable deterioro de la economía, principalmente el aumento de la inflación y el temor al desempleo.

Con el fin del boom en el precio internacional de las materias primas que más exporta Brasil (hierro, soja y petróleo), el escándalo de sobornos en Petrobras que afecta a toda la cadena productiva y el descalabro de las cuentas públicas, la actividad económica lleva varios meses en firme declive. El año pasado el PBI creció apenas un 0,1% y para este año se espera que el país entre en recesión. El gobierno estima que la economía se contraerá un 1,2%, aunque para los analistas financieros la retracción podría alcanzar 1,5%.

INFLACIÓN

En tanto, los precios de todos los productos y servicios no paran de subir. En mayo, la tasa de inflación llevaba acumulado un aumento de 8,47% y el gobierno espera que para fin de año llegue a 9%, si bien entre los expertos del mercado no descartan que supere los dos dígitos.

Ya en los puestos de trabajo, el impacto de la reducción de la actividad económica se hace sentir con fuerza. En mayo, el desempleo subió a 6,7%, con un incremento de 38,5% en la población desocupada en comparación con el mismo mes de 2014. Y los pronósticos de los especialistas indican que para fin de año la tasa de desempleo podría llegar a 8%.

Las dificultades en el ámbito económico se complican por el clima político enrarecido que se vive por estos meses, principalmente por los efectos de las investigaciones en torno al multimillonario escándalo de corrupción en Petrobras.

Cada día surgen nuevas revelaciones que salpican de una forma u otra al gobierno, que a su vez enfrenta una feroz lucha de poder con su principal aliado en la coalición gobernante, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que ocupa las presidencias de ambas cámaras del Congreso.

En las calles, el sentimiento contrario a la administración de Dilma sigue sumando adeptos que piden que la mandataria sea sometida a juicio político por su presunta responsabilidad en el petrolão.

Después de dos masivas jornadas de protestas callejeras en todo el país, ya están organizadas nuevas manifestaciones pro impeachment para el 16 de agosto.

Fuente: sinmordaza 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *